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El Misterio: bálsamo vital para una sociedad mejor

El Misterio. Una palabra mágica que aglutina en sí misma a todo un infinito universo. Representa sin lugar a dudas una forma de ser y estar en el mundo. El sello irrefutable de quienes ven nuestra realidad con otros ojos. Los de la mirada de un niño. Con esa luz y brillo únicos en sus pupilas, frutos del entusiasmo y la curiosidad innatas ante la vida. Cualidades que jamás deberíamos perder los seres humanos cuando crecemos.

Por que tal y como lo definió uno de los genios y mentes más extraordinarias de todos los tiempos, Albert Einstein: «La experiencia más hermosa que podemos tener es el misterio. Es la emoción fundamental que se posa en la cuna de la verdad y de la ciencia verdadera. Quien no la conoce y no se puede maravillar vale tanto como un muerto y tiene los ojos ensombrecidos» («El mundo como yo lo veo», ensayo de 1930).

Maravillarse ante el misterio, aquello que nos inspira una cuestión, una pregunta por responder, una duda estimulante, desarrolla sanamente nuestra mente y espíritu crítico. Tener una mente abierta es fundamental para evitar tener una visión sesgada de la rica realidad que nos rodea. Tan diversa como las infinitas tonalidades posibles del arco iris. Por el contrario, cerrarse en banda ante las evidencias de lo desconocido en cualquier área del conocimiento. Adoptando una postura inmovilista, ligada al dogma, negacionista o cuando no aparece ésta encubierta como pseudoescéptica, es limitarse de un modo tajante ante los múltiples interrogantes y realidades que este mundo que habitamos nos plantea y reta a descubrir.

Divulgar lo desconocido enriquece a nuestra sociedad de forma clara y evidente. En los diversos medios de comunicación, prensa, radio y televisión. Desde los de más amplia difusión, a los más modestos, humildes e independientes. Pero hay que hacerlo con una máxima irrenunciable: la del rigor, la honestidad y la creatividad necesarias para poner en valor nuestro vasto patrimonio material e inmaterial que representa la cultura del Misterio. Porque señores, el Misterio es cultura en mayúsculas. La ancestralidad muchas veces desconocida de muchas tradiciones y fiestas populares, enraízan con todo un rico folclore cuya puesta en valor, las salva del paulatino olvido o puro desconocimiento por parte de la sociedad. En este sentido, iniciativas tan loables como Ocultura, ese término acuñado por el prolífico escritor y periodista turolense Javier Sierra. Y promotor de los encuentros anuales que bajo este título se llevan a cabo y tratan de poner precisamente en valor todo este conjunto de conocimiento material e inmaterial de eso que llamamos Misterio, en sus más variadas temáticas, es uno de los mejores exponentes de esta divulgación tan necesaria. Como la dedicada este año a la España Mágica.

Y si hablamos del Misterio, es inherente y necesario centrarnos en otro de sus pilares fundamentales. El testigo como pieza angular de la experiencia ante lo inefable, lo inexplicable, lo absurdo, lo grotesco, lo grandioso, lo terrorífico, aquello que difícilmente se puede expresar con palabras, y cuyos testimonios y verdades son palpables y tan imborrables como la marca de un hierro incandescente en la mente de estas personas y sus vidas. Ese tesoro en busca del cual van esa sagaz escuela de auténticos trotamundos que son los investigadores de campo, rastreadores de anomalías que recorren nuestra vasta piel de toro en busca de los mismos, allá donde se encuentren, por más recóndito del lugar y kilómetros que sean necesarios realizar. Manuel Carballal, o el pódcast capitaneado por Miguel Pedrero, cuyo título es toda una declaración de intenciones: «Protagonistas de lo insólito» por solo citar unos ejemplos, son claros representantes de esta raza de auténticos buscadores de lo imposible. Que con sus pesquisas propias de detectives, documentan todo un abanico de casos que de otra manera muy posiblemente nunca saldrían a la luz. Y se perderían en las brumas del tiempo, como lágrimas en la lluvia. Certificando con su arduo y constante trabajo de recopilación, realidades tales como, por citar la más paradigmática de todas, el eterno enigma de los No Identificados, el fenómeno Ovni.

Por último, el Misterio es un bálsamo vital, personal y social. Para las mentes inquietas y curiosas por aquello que no entendemos, que tratan de lidiar con los problemas cotidianos a la par que sobrellevar, cuando no sufrir, los grandes males de azotan esta civilización nuestra. Representa un verdadero y auténtico salvavidas, que estimula su alma para seguir adelante. Para toda sociedad que se precie de serlo, la búsqueda en mayúsculas de lo desconocido, su reconocimiento y puesta en valor es un síntoma y sinónimo de buena salud cultural y social. La demostración de que aquello que motiva e impulsa al ser humano a plantearse preguntas y tratar de resolver sus dudas, está en lo más genuino de su germen. Y cuando eso ocurre, mejoramos como especie.

Artículo publicado originariamente en el boletín especializado «El Ojo Crítico» (Cuadernos de investigación para investigadores de anomalías) número 97, página 93. 

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Autor: Miguel Ángel Cabral

En cada entrada de este blog, les ofrezco no solo mis vivencias y conocimientos, sino también una oportunidad para sumergirnos juntos en los misterios que me fascinan. Espero que, a través de estas palabras, podamos embarcarnos en un viaje de descubrimiento y reflexión. Agradezco profundamente su interés y compañía en esta aventura de exploración y aprendizaje.

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